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La discapacidad intelectual es algo que la persona tiene, no es algo que es

La discapacidad intelectual según El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V) de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), es un trastorno del neurodesarrollo, que comienza antes de los 18 años y que incluye limitaciones del funcionamiento intelectual y del comportamiento adaptativo en los dominios conceptual, social y práctico.

A este diagnóstico se le conocía como retardación/retardo, hasta el 2010 cuando la familia Marcelino en Maryland, alzó su voz para redefinir este término. La palabra R, como también se le conoce, comenzó a ser utilizada por la comunidad médica a partir de los años 50 y su uso comenzó a ser problemático ya que se utilizaba como sinónimo de palabras como incompetente y otras similares. Reconociendo el impacto del lenguaje en nuestra identidad y formación como seres humanos, este término se convirtió en uno equívoco. Tal y como explica la plataforma Plena Inclusión "el lenguaje tiene connotaciones y esas connotaciones generan unas actitudes". Por ejemplo, deshumanizar o aislar solo por mencionar alguna de ellas. Asimismo, Wendy López Mainieri en un artículo escribió “Una palabra no es solo una palabra, no es solo la forma como se describe algo, es la manera como ese algo se crea”. Por eso esta familia entendió que la palabra R debía ser sustituida de todo lenguaje federal y educativo por uno que transmitiera respeto y dignidad. En el 2010 se aprobó la Ley de Rosa que sustituyo el término retardación mental por discapacidad intelectual. Desde entonces el lenguaje federal y educativo ha sido consistente con otros modos de comunicar como el del CDC y la Organización Mundial de la Salud.


El modelo de “la persona primero” tiene el objetivo de colocar a la persona primero como la mejor manera de comenzar cuando se habla con alguien que tenga una discapacidad. Este tipo de lenguaje pone énfasis en la persona y no en la discapacidad. Según el Dr. William Ruiz Díaz al referirse a una persona con una discapacidad, se nombra a la persona primero al usar frases como “una persona que…”, “una persona con…” o “una persona que tiene…”. Se elimina el uso de palabras estigmatizantes como “incapacitado”, “discapacitado”. Al referirse a alguien con discapacidad intelectual se dirá así “persona con discapacidad intelectual” y no “retardado” o “retardado mental”. Se usa el lenguaje de la persona primero ya que una discapacidad es algo que la persona tiene, no es algo que ella es.


La autora es psicóloga industrial, experta en recursos humanos y candidata a graduación de la maestría en Comunicación en la Facultad de Comunicación e Información, Universidad de Puerto Rico. Conoce un poco más de lo que ha trabajado en el tema accediendo el siguiente enlace: Movilizadas por un compromiso de acción social: Organizaciones que sirven a las personas con discapacidad intelectual

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